Nuestra lucha histórica nos dio voz; el presente nos pone a prueba
Nuestra lucha histórica nos dio voz; el presente nos pone a prueba

Marlene Fernández
VP de Relaciones Gubernamentales y Líder del Comité de Diversidad e Inclusión
Hubo un tiempo en que la lucha era muy concreta. No fácil —nunca fue fácil— pero sí fue clara: las mujeres queríamos votar, queríamos trabajar, queríamos tener independencia económica, queríamos ser valoradas tanto como cualquier varón. Y durante décadas, generación tras generación, las mujeres empujamos, resistimos y conquistamos. Logramos hacer realidad lo que en su momento pareció un sueño, y convertir en derecho lo que parecía un privilegio inalcanzable.
Cada época nos trajo un reto único–obstáculos que parecían insuperables. Y sin embargo, una y otra vez, la mujer encontró la forma de avanzar. Con resiliencia. Con inteligencia. Con una sonrisa que no era ingenuidad, sino fortaleza.
Hoy no es distinto.
Vivimos en un mundo que se mueve a una velocidad que desafía nuestra capacidad de adaptación. La crisis del tiempo atraviesa a todas las personas, independientemente de su género o situación personal. Muchas veces sentimos la presión de responder a múltiples responsabilidades a la vez, buscando estar presentes tanto en el trabajo como en nuestra vida personal y familiar. La inteligencia artificial avanza más rápido que nuestras leyes. La privacidad se erosiona. El individualismo se instala como norma, y la empatía, a veces, retrocede. La agenda clásica del feminismo nos dio derechos, y lo hizo con razón y con urgencia. Pero la agenda de hoy nos invita a ir más lejos: a construir las condiciones reales para ejercer esos derechos con plenitud —con calidad de vida, con tiempo, y sin culpa permanente.
Somos las mujeres las que históricamente, hemos mirado con más atención el costo humano de las decisiones. Las que reconocemos el tejido invisible que sostiene a las sociedades. Las que nos negamos a avanzar dejando atrás lo que más importa. Y en este Mes Internacional de la Mujer, destinado a visibilizar las problemáticas que todavía enfrentamos las mujeres, reiteramos nuestro compromiso con la búsqueda de una mejor calidad de vida para la para las personas, del mismo modo que nuestras madres, nuestras abuelas y las generaciones que nos precedieron enfrentaron los retos de su momento histórico.
Siento gran orgullo cuando miro a nuestras colaboradoras, la mayoría entre 18 y 26 años aproximadamente, administrando más de la mitad de los restaurantes de nuestra empresa en 21 países de América Latina y el Caribe, encabezando áreas clave en el área corporativa, tomando decisiones difíciles y sosteniendo con sus manos y talento, el ADN de una marca que crea experiencias inolvidables para las familias. Las veo llegar con energía y con propósito. Las veo resolver con creatividad lo que otros considerarían un obstáculo. Las veo construir equipos con empatía, liderar con visión y encontrar el modo de estar siempre presentes donde más importa. Eso es solo posible en una empresa como Arcos Dorados, donde no hacemos ninguna distinción de género. De hecho, la mujer es mayoría entre los cerca de 100 mil colaboradores. Y todas ellas, son el reflejo de algo mucho más grande: la expresión de la mujer que la historia ha formado, de los retos que la han templado, y del siglo XXI que no la va a detener.
Esa mirada es, hoy más que nunca, lo que el mundo necesita.
Este Mes Internacional de la Mujer no es para celebrar los logros como si nuestro trabajo hubiese terminado. Es para reconocer cuánto hemos avanzado, honrar el camino que otras abrieron antes que nosotras y renovar el compromiso de seguir construyendo —juntas— un mundo más justo y más humano.
A cada mujer que hoy enfrenta un reto que le parece demasiado grande: le pido que se mire al espejo y vea en él a la heredera de todas las que ya vencieron lo imposible.
Sigue adelante, porque cuando las mujeres avanzamos, el mundo aprende a avanzar con nosotras.













